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elecciones catalanas
CiU gana, pero será ERC quien decida el próximo Gobierno de Catalunya
El partido de Mas (CiU) logra 46 escaños; PSCE, 42; ERC, 23; el PP 15 e IC-EUIA 9
Las elecciones catalanas tuvieron lugar ayer, pero el Gobierno se decidirá en las próximas semanas. CiU gana, pero será el partido de Carod Rovira, ERC, quien decidirá, con sus 23 escaños, el próximo president de la Generalitat de Catalunya. El PSCE queda en segunda posición y, al igual que CiU, pierde diez escaños y muchos votos. El gran triunfador de una jornada electoral pasada por agua fue ERC, que contará con once diputados más en el próximo Parlament. Todo depende ahora de lo que Artur Mas y Pasqual Maragall prometan a Carod Rovira, quien en su primera comparecencia optó por no dar pistas sobre sus preferencias.
GARA
Todos ganan, pero ERC más que nadie y la victoria en votos del PSC sabe a derrota
BARCELONA
El portavoz de ERC, Joan Ridao, declinaba anoche pronunciarse sobre posibles pactos postelectorales y afirmaba que su partido negociará «sin prisas» y «sin mercantilismos, poniendo sobre la mesa nuestro programa de gobierno».
ERC, que obtiene 23 diputados frente a los 12 que ostenta actualmente, se convierte en un partido decisivo a la hora de formar gobierno en Catalunya, tal y como destacó su portavoz.
Ridao añadió que ERC «no dirá absolutamente nada» sobre a qué fuerza apoyará hasta conocer bien la aritmética de los resultados electorales y afirmó que «negociaremos, pero sin mercantilismo y sin prisas, tampoco iremos en plan revanchista a pesar de ciertas maniobras hechas en los últimos días de la campaña». El secretario general de ERC y candidato a president, Josep Lluís Carod-Rovira, propuso ayer por la noche un «gobierno de concentración nacional» y anunció que su formación «no pactará contra nadie, ni contra el catalanismo ni contra el progreso, sino a favor de Catalunya». Por otro lado, otras fuentes de ERC adelantaron que la responsabilidad del inicio del baile de contactos para la creación del gobierno recae sobre las espaldas del candidato de CiU, Artur Mas.
Entre las diversas y abundantes declaraciones realizadas ayer, después de completar el escrutinio total, el líder socialdemócrata español José Luis Rodríguez Zapatero afirmó que el resultado electoral «permite abrir el paso a la alternancia» en Catalunya y que los socialdemócratas se «reafirman» como la primera fuerza en número de votos, obteniendo el triple que el Partido Popular.
El coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, expresó su «alegría» tras conocer los resultados de la coalición de izquierda ICV-EUiA porque ha iniciado un «cambio político fundamental» y aseguró que el partido Esquerra Republicana «estará con nosotros en la configuración de un Gobierno de mayoría de izquierdas con sensibilidad política» para Catalunya.
Ayer también se celebraba el final de la trayectoría política de quien ha sido el president catalán durante 23 años, Jordi Pujol. Pujol declaró, visiblemente emocionado, que se siente «inmensamente feliz» por la séptima victoria de CiU en unas elecciones catalanas y por constatar que los dirigentes de la federación que toman su relevo «valen más» que él mismo.
El portavoz de Batasuna, Joseba Permach, dijo que el día de ayer se vio la hipocresía de muchos partidos, ya que todos querían salir como vencedores, pero que «si algún partido tiene que estar contento son los de Esquerra Republicana, que defiende los intereses de la izquierda y de los independentistas». Dijo que en ese sentido «hay que valorarlo positivamente». Desde Catalunya, la representante de Eusko Alkartasuna en el Parlamento español, Begoña Lasagabaster, se mostró «muy contenta por la participación electoral y encantada por el resultado de nuestro partido hermano ERC». Dijo que los resultados «son muy buenos para Catalunya, para la nación catalana, y que serán buenos también para nosotros».
Por otro lado, el candidato del PPC, el ex ministro Josep Piqué, valoró los resultados como «primer paso» para ocupar la «centralidad» política y culpó a CiU y PSC del ascenso de ERC, y de «dar espacio a la radicalidad política».
La lluvia ayudó a ERC a dar el salto más espectacular
Jose Angel ORIA Artur Mas, aspirante a sucesor de Pujol, ha hecho muy bien sus deberes en la última semana de la campaña electoral catalana, hasta cerrar los actos logrando transmitir que estaba convencido de ganar. Y lo ha hecho, aun perdiendo diez escaños, pero esta victoria podría convertirse en la más amarga de las derrotas para su coalición que, pese a las primeras palabras de los líderes de ERC, muy probablemente tenga que pasar a la oposición por primera vez. Y miles de puestos de trabajo en las instituciones autonómicas catalanas cambiarían de manos. ¿Será el principio del fin de una coalición que parecía eterna?
Quienes quisieran ver una coalición nacionalista al frente de la Generalitat insistían ayer en que esta vez sí, esta vez la suma de escaños de CiU (46) y ERC (23) es suficiente para gobernar (la barrera de la mayoría absoluta está en los 68 parlamentarios). Echaban mano de las lágrimas de hace cuatro años en la sede de la coalición cuando esa suma se quedó a un escaño de la mayoría absoluta, para convencerse de que CiU seguirá gobernando.
Pero la realidad hasta ahora es que ERC ha gobernado municipios tan importantes como el de Barcelona de la mano de PSC e ICV, y numerosos militantes republicanos han expresado su frontal desacuerdo con una coalición con CiU, lo que parece indicar que Carod-Rovira no puede aceptar los tejos que sin duda le echarán los convergentes. Si cede, el partido se le rebela.
La lluvia contribuyó a que la abstención bajara cuatro puntos y a que las urnas se llenaran de más votos de ERC que nunca. Los primeros datos parecían confirmar que las comarcas más abstencionistas fueron las que normalmente apoyan a la formación de Maragall, y las menos, las que votan nacionalista. Y la primera impresión indica que muchos votantes nacionalistas han virado a la izquierda, dando ahora a los republicanos la confianza que siempre dieron a los convergentes. También hay que destacar que han ido a votar más que en las zonas urbanas, confirmando que estos comicios son considerados más importantes por quienes no tienen en La Moncloa su objetivo número 1.
«Maragall tendrá que poner fin a su carrera política», decían algunos analistas durante la campaña. Y la última semana ha sido especialmente perjudicial para él. Supuestos aliados le han lanzado dolorosos torpedos a la línea de flotación. Primero Bono y, más llamativamente, pidiendo a Aznar que se presente otra vez, Ibarra después, han intervenido en campaña para robar muchos miles de votos al candidato del PSC. Paradójicamente, Maragall parece tener hoy más posibilidades que nunca de convertirse en president, y de aplicar el decálogo de primeras medidas de Gobierno que presentó el viernes. Pero en Madrid tienen que estar muy preocupados los líderes del PSOE, ya que la prueba del 9 que ellos mismos inventaron, ganar en Catalunya para ganar La Moncloa, les ha dado la espalda. El temor a otros cuatro años de mayoría absoluta del partido conservador español gana terreno. El equipo de Zapatero es el mayor perjudicado. Otra crisis del PSOE en el horizonte.
IC rentabiliza su acuerdo con Esqerra Unida y aumenta apoyos hasta un 7%. Alguna consejería en el próximo Gobierno podría ser la guinda.
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