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    Predefinito 5 luglio - S. Antonio Maria Zaccaria

    Un hombre ardiente:

    S. Antonio María Zaccaria

    5 de julio


    Autor: p. Andrea M. Erba, c.r.s.p.

    Traducido por: Rodrigo Nilo Palominos, c.r.s.p.


    Un santo de ayer y de hoy


    Estas sencillas páginas tienen la finalidad de reevocar la vida, las obras apostólicas y la espiritualidad de san Antonio María Zaccaria (1502-1539), fundador de los Barnabitas y de las Angélicas: un hombre ardiente que ha trabajado mucho por la renovación de la Iglesia y la santificación de las almas, como precursor de aquella "reforma católica" que ha caracterizado la historia de la Iglesia en el Cinquecento.

    Primero, en calidad de laico, después como sacerdote fervoroso y celoso, al fin como padre de dos familias religiosas, aunque en el arco de una vida bastante breve, él apareció verdaderamente como "gran restaurador de la vida espiritual y apostólica en el espíritu de san Pablo, en una época bastante semejante a la nuestra en las "inquietudes" (según la incisiva definición de Paulo VI en 1972), sobre todo por el llamado a los valores sobrenaturales y a la lucha contra la "tibieza" de una sociedad paganizante.

    Como todos los santos, Antonio María, es una figura de perenne actualidad. El encuentro con él representa una invitación a retornar a los orígenes y al carisma de una especial vocación, un retorno querido por el Concilio como elemento indispensable de la verdadera renovación (cfr. PC. 2)

    De tal presencia brota una vigorosa llamada a la santidad: ayer como hoy, el "camino de los santos" es la única, auténtica, duradera reforma, aquella que la humanidad de cada tiempo ha querido..

    "Según la tradición, la Iglesia venera a los santos y tiene de él su honra, sus reliquias auténticas y sus imágenes. Celebrando su nombre y memoria, ella proclama las maravillas de Cristo en sus siervos y propone a los fieles oportunos ejemplos a imitar" (SC. 11)

    De hecho, los santos manifiestan el rostro y la presencia de Dios a los hombres, contribuyen a la vida espiritual de la Iglesia en la tierra, forman con nosotros un único cuerpo místico; como amigos y coherederos de Cristo, intercediendo por nosotros, nos enseñaron el camino para llegar al cielo, son nuestros hermanos y bienhechores (LG. 49-50)

    Nos parece que S. Antonio merezca este modesto recuerdo, incluso porque entra en la categoría de aquellos presbíteros que, según el Concilio, "en el curso de los siglos, en un servicio a menudo humilde y escondido, han dejado un espléndido ejemplo de santidad. Y su alabanza resuena en la Iglesia de Dios" (LG. 41)

    El opúsculo no tiene pretensiones científicas o de descubrimientos históricos, ni tiene intentos apologéticos o de pura edificación: con la intención e colocar a figura del santo en el ambiente de su tiempo sin inútiles idealizaciones, quiere ser anclado en el suceso histórico e ilustrar sobriamente con un mensaje que es austero y exigente, en la línea del mensaje evangélico.

    En el desconcierto de nuestros días, la voz de este maestro del espíritu, sigue proclamando en la Iglesia la palabra de salvación enseñando la ciencia sublime de Jesucristo (cf. Liturgia del 5 de julio)
    Roma, 4 de octubre de 1978.

    P. Andrea Erba.Barnabita

    Perfil biográfico

    Para mejor entender la vida y obra de san Antonio María Zaccaria, más allá de las biografías ya conocidas y a la tradición hagiográfica de los autores barnabitas, es necesario para poner en relieve, aunque sea en grandes líneas, el cuadro político y religioso de la ciudad de Cremona, en la primera mitad del siglo 16 y, en particular los eventos trágicos que la trastornaron: tales circunstancias, de hecho, pudieron influir sobre la psicología y sobre las decisiones del joven Zaccaria. Así como para valorar más acabadamente la portada de su acción reformadora en la iglesia pre-tridentina, es oportuno evocar el ambiente histórico y espiritual de Milán en los primeros decenios del Cinquecento.

    En Cremona

    La historia y las crónicas de Cremona, en los albores del siglo 16, puede ser resumida en el rápido desarrollo de la situación político-militar que, del 149 al 1535, la llevó sucesivamente bajo el dominio de la República Veneta, del rey de Francia, Luis XII, del Duque de Milán Maximiliano Sforza y el emperador Carlos V. El castillo de Santa Cruz, que domina los muros de la ciudad y el segundo de Italia por la grandeza y potencia de las fortificaciones, estuvo al centro de los enfrentamientos guerreros entre españoles y franceses por la conquista de la Lombardia.

    En el año 1500 el escudo de San Marcos campeaba en el primer cuadrante del Torrazo, el león alado, pintado en oro, era el símbolo más vistoso de la dominación veneciana, comenzada después de la fuga de Ludovico el Moro (10 de marzo de 1499). Los cremoneses no acogieron con simpatía a los nuevos señores, aunque el gobierno mostrase un rostro humano y tolerante. El poder de la Serenísima duró cerca de un decenio, esto culminó cuando los ejércitos de la Liga de Cambrai derrotaron en Agnadello a la orgullosa República (14 de mayo de 1509)

    Antonio María, nacía hacia los finales de 1502, se ignora su fecha precisa, pero probablemente en la primera mitad de diciembre. Su padre Lázaro descendía de una familia patricia genovesa; su madre Antonieta Pescaroli – una patética y misteriosa figura de mujer- se había casado muy joven: de hecho, ya a los 18 años, quedaba viuda y renunciaba después a segundas nupcias para dedicarse completamente a la educación de su hijo.

    Los años que vieron la infancia de Antonio María fueron tristes y llenos de calamidades. Sobre Cremona, su condado "tierra fértil y bellísima" que contaba alrededor de 60.000 habitantes se abatieron terribles flagelos: en febrero de 1503, el Po rompió con las defensas y las aguas invadieron los campos, causando muchos daños y víctimas.

    Otros murieron golpeados de fiebres maláricas y de "dolia": entre estos podría estar también Lázaro Zaccaria, padre del Santo. En los dos años siguientes todavía la mortalidad por tifus pequetial y carestía: debieron resentirlos también los bienes de la casa Zaccaria que, por las actas notariales del tiempo, resultaban bastante lejanas "de aquella opulencia que al parecer han supuesto"

    En 1509 el sospechoso gobierno de Venecia relegó al confinamiento a 35 gentilhombres cremoneses y, de aquel momento, en la ciudad penetró la discordia y surgieron los partidos políticos. En el mismo año, Cremona llegaba a ser unida al Ducado de Milán bajo la autoridad de los franceses y, hasta 1512, debió soportar una serie de desventuras, prepotencias y saqueos de parte de la soldadesca. En octubre de 1511, estallaba, además, la peste.

    En 1512, tras la victoria de la "Liga Santa", nuevo golpe de mano de los Sforza y de la infantería suiza; estos siguieron explotando y oprimiendo a la inerme población: "El cremonés fue tanto, depredado, vejado y devorado por diversos ejércitos, que los ciudadanos y campesinos no tenían más aliento en el cuerpo..."

    De marzo de 1514 a septiembre de 1515 los aterrados habitantes asistieron a una serie de diarios saqueos, devastaciones, incendios y matanzas. Francisco I que había salido victorioso en Malegnano de la "Batalla de los gigantes" se apoderó también de la plaza fuerte de Cremona, que, por seis años (1515-1521) soportará los acostumbrados vejámenes y destrucciones y violencias.

    Una juventud sufrida

    Esta amarga realidad cotidiana debió influir sobre el ánimo del adolescente Antonio María, mucho más que no el clima gozoso o la vida artística del Renacimiento o acontecimientos religiosos importantes pero lejanos, tales como la celebración del concilio ecuménico Lateranense V (1512-1517), los pontificados de Julio II (1503-1513) y de León X (1513-1521), la inminente explosión de la rebelión protestante.

    Sabemos también con certeza que tales horrores hirieron su sensibilidad: el gesto con el cual él, un día, retornando de la escuela, dona su capa de terciopelo a un pobre harapiento, nos abre una fisura sobre las condiciones económico-sociales de la ciudad.

    Huérfano, en medio del luto y miserias de toda clase, Antonio Maria crece marcado de una precoz madurez: corresponde plenamente a las solicitudes maternas, mostrando toda su tierna piedad. Parece que aún niño se haya consagrado a María con el voto de virginidad.

    Sigue regularmente el curso de los estudios en la ciudad, donde la enseñanza básica es impartida por maestros privados, a expensas de la Comuna o de las corporaciones. Cremona exhibía una tradición cultural de siglos y en el Cinquecento un floreciente gimnasio: materias principales eran la lengua y la literatura clásica, las ciencias naturales y el derecho; un buen aprendizaje y ejercicios aptos para la carrera escolástica de Antonio María, orientada hacia el estudio de la filosofía y de la medicina.

    Culturalmente preparado, a los 18 años, Antonio María toma la decisión de dejar la ciudad y la casa natal para trasladarse a Padua y frecuentar aquella prestigiosa universidad. Antes de partir, en octubre de 1520, hace testamento, renunciando en modo irrevocable todos sus bienes a favor de la madre; fue un acto de prudencia en aquella oleada de guerras y calamidades naturales, ¿un gesto de desprendimiento evangélico de las riquezas, un signo de amor y de reconocimiento filial?

    En la Universidad de Padua

    La universidad de Padua era entonces el centro más importante del aristotelismo en Italia: en el círculo de los doctos se discutía vivamente sobre los problemas religiosos más graves, sobre la inmortalidad del alma y sobre el más allá; efervescía el debate sobre las teorías filosóficas averroístas, se difundían las ideas radicales del anabaptismo; un exponente de los "herejes italianos" perfeccionaba aquí su preparación filosófica y la ciudad vendrá después tachada de ser un "refugio de la herejía luterana".

    El joven cremonés arribaba en la famosa universidad, hormigueante de un millar de estudiantes provenientes de toda región de Italia y de los países europeos. Se inscribían en el "colegio de los juristas", reservado en general a los nobles, o en el "colegio de los filósofos o médicos", más abierto y democrático.

    A este último ciertamente perteneció Antonio María, pero no se conocen particularidades de su temporada y de sus estudios: nada o poco debía mezclarse en el ambiente pendenciero y goliárdico de los "pobres estudiantes". Consta únicamente la significativa amistad con Serafín de Fermo, futuro canónigo lateranense, predicador de fama, autor de obras ascéticas de las cuales sacarán San Felipe Neri y Santa Teresa de Ávila.

    El curso de medicina podía durar cuatro o más años y los textos de la universidad eran los Aforismos de Hipócrates y los manuales de Galeno, Avicena y Averroes. Para ser admitido al examen de licencia, necesitaba primero pedir "la gracia" al Sacro colegio de profesores, demostrando de haber frecuentado las lecciones y de haber sostenido las públicas discusiones previstas en los estatutos. Era también necesario pagar una tasa bastante fuerte, pero se podía obtener la exoneración parcial o total, aduciendo la lejanía de casa, las difíciles condiciones económicas debido a las guerras o a las inundaciones, algún certificado de buena conducta y progreso, o también presentando una carta de recomendación. Solamente después de estas prácticas, el estudiante podía presentarse al examen "tentativo" e ilustrar las tesis sorteadas doce horas antes: se trataba normalmente de un comentario a un aforismo de Hipócrates, de la descripción de una enfermedad y de una discusión con los doctores de la facultad. Si la votación secreta era positiva, el laureando afrontaba finalmente el verdadero y propio examen, coronado con el conferimiento de las insignias doctrinales. No todos, sin embargo, llegaban a la meta de la laurea, que se podía conseguir también en otra universidad.

    Lamentablemente ningún documento contemporáneo nos atestigua si y cuando Antonio María haya obtenido en Padua la laurea en medicina: en octubre de 1524, después de su regreso a Cremona, él es todavía llamado "estudiante" en un documento jurídico. Del período universitario sólo nos quedan algunos manuscritos del santo, apuntes de filosofía reunidos en una especie de cuadernillo alfabético. Un trabajo análogo de transcripción y de compilación le será atribuido más tarde por la recolección de los "Dichos Notables" de impostación ascético-mística. Esto revela una mente clara y sintética, y quizás el amor por la sentencia incisiva; así como la escritura de los "Sermones" juveniles manifiesta en el autor un orden lógico y una inclinación a la precisión de los conceptos.

    Un laico militante

    Entretanto, durante su ausencia, Cremona es de nuevo disputada por españoles y franceses. En 1521, Carlos V entra en Milán, mientras el derrotado Lautrec amenaza de rayar al suelo la ciudad del Torrazo si los habitantes rebeldes no se rinden. Es el 25 de noviembre, fiesta de Santa Catalina: la población es salvada y de aquel momento le profesa una "suma reverencia y devoción". Se puede, quizás unir a este episodio, que tuvo profunda resonancia en el cremonés, el culto especial que Antonio María y los primeros barnabitas tuvieron para la santa.

    El 4 de julio de 1522 los franceses abandonan la cuidad a bandera desplegada: es la fiesta del Beato Antonino de Florencia (que será canonizado al año siguiente) y el Consejo General de la ciudad decreta que la fecha sea celebrada cada año con el ofrecimiento de "dos cirios de cera blanca de tres libras cada uno" a la iglesia a él dedicada. Es de notar también que el santo dominico fue honrado por el joven Antonio María: cuando se preparará al sacerdocio bajo la guía de los Hermanos Predicadores, estudiará sus obras teológico-pastorales, y no acaso la "Summa moralis" y el así llamado "Confesional" del "arzobispo florentino" aparecen entre las lecturas preferidas y obligatorias de los primeros barnabitas.

    Cremona retorna entonces bajo el dominio sforcesco, el resto de la guarnición francesa está atrincherada en el castillo y cumple periódicas incursiones, y gravando con impuestos a los habitantes indefensos. Solamente en febrero de 1526, los asediados se rinden: la ciudad sale económicamente exhausta, "con más de cien mil escudos de daños" y al año siguiente es presa de la escasez.

    Antonio María es testigo consciente de cuanto sucede: ha regresado de Padua sólido en la fe y en las costumbres, experto de la vida y maduro para sumir tareas de responsabilidad. Además, que por capacidad intelectual y por fortaleza de carácter, se distingue ya por cualidad de iniciativas, como un moderno militante laico, sensible a las exigencias de los tiempos y a las necesidades del prójimo. Frente al espectáculo de miseria material y moral, Antonio María antes que dedicarse a la profesión médica "sen entrega a la vida espiritual".

    Está con él el amigo Fray Bono y comienza a reunir en la pequeña iglesia de San Vitale "a muchos nobles y de todas las clases y les leía la Sagrada Escritura", teniendo conferencias de impostación bíblico-morales y catecismo a los jóvenes.

    Los designios de Dios van lentamente pero claramente realizándose: por consejo de un Fray Marcelo, Antonio María se orienta más a la vida eclesiástica. Nada sabemos de este dominico entonces con fama de santo: sin duda era discípulo de aquella corriente de espiritualidad italiana, de la ascética austera y reformadora, que tuvo entre sus exponentes Fray Jerónimo Savonarola y a Fray Bautista de Crema. Probablemente de él, Antonio María sacó la seguridad de la doctrina católica, el gusto de la Palabra de Dios y el ardor en predicar la verdad revelada.

    Pero sobre todo el primer encuentro, aún envuelto en el misterio, con aquel "Profesor de energía espirituales" que fue Bautista de Crema y que Antonio María llamará "su divino Padre", lo decide a abrazar el sacerdocio y a hacerse médico de las almas.

    Antonio María, sacerdote

    Se dedica al estudio del libro sagrado y de la teología tomista, en particular de las cartas de San Pablo y de la suma de Santo Tomás, como está demostrado por la estructura y el contenido de los "Sermones" pronunciados en estos años. Es significativo que él haya frecuentado el convento de los dominicos justamente en el momento en el cual el prior se fugaba más allá de los Alpes, para difundir los gérmenes de la doctrina luterana.

    En el otoño de 1528, Antonio María recibe la ordenación sacerdotal y celebras en sugestiva humildad la Primera Misa en la misma pequeña iglesia de san Vitale, contigua a la casa natal (una y otra aun hoy existentes en Via Beltrami). Están presentes la madre y el grupo de los amigos más fervorosos. De aquel día el no se firmará más que con el nombre de Antonio María Sacerdote.

    Con mayor ímpetu y quizás con mayor amplitud de prospectivas, continúa su apostolado dirigiéndose de preferencia a la élite ciudadana, organizando grupos espirituales en un cenáculo de "Amistad", similar a aquellos operantes en otras ciudades italianas. Todo tomado del ideal de renovación, el nuevo levita renuncia a un pingüe beneficio y a la misma carrera eclesiástica, desprecia la literatura y el arte profano por dar espectáculo de una vida pura y de una acción incisiva en el plano de la fe y de la caridad cristiana.

    El fragor de las armas viene a cesar, pero en el 1528 Cremona es devastada por la peste y sacudida por un terremoto. En aquellos peligrosos eventos, como también durante las precedentes desventuras, Antonio María debió cumplir una obra prodigiosa si sus conciudadanos lo honraron con los títulos de "Padre de la Patria" y "Ángel en carne"

    No menos brillante y eficaz su habilidad en los negocios: de algunos documentos notariales, entre el 1528 y el 1531, él aparece en las funciones de ejecutor testamentario.

    Pero es el compromiso ascético personal y la espiritualidad esencialmente combativa y conquistadora que distinguen y dominan su vida, en claro contraste con la decadencia del clero y la inercia de gran parte de la jerarquía eclesiástica. Por tres cuartos de siglo (del 1476 al 1550) los obispos de Cremona no tenían la residencia en la diócesis, a excepción de monseñor Gerolamo Trevisano (1507-1523) pío y docto pastor que gobernó con caridad evangélica, espíritu reformador y ansia ecuménica. Bajo su episcopado se desarrolló la cofradía laical de la Santa Cruz, se reanudaron las visitas a las parroquias, se hicieron públicas manifestaciones de fe religiosa, en el 1518 se esparce la voz de dos pariciones de la Virgen en la diócesis.

    Pero del 1523 al 1549 la sede episcopales nominalmente ocupada por el cardenal Benedetto Accolti, definido por el Ariosto "gloria y esplendor del consistorio santo" no cierto por virtudes sacerdotales. Es conocido del resto que los cardenales Hipólito I y II del Este, arzobispos de Milán por más de un cincuenta años (1497-1550) no dignaron a la ciudad de una visita, dando impulso en vez al cúmulo y al tráfico de los beneficios eclesiásticos.

    Un Apóstol

    En este redil sin pastor no es maravilla si impera una fuerte ignorancia religiosa: el clero en su mayoría, no sabe leer los libros litúrgicos, no conoce las fórmulas sacramentales, ni las ceremonias de la Misa, las iglesias se transformaron en cuevas, con altares escuálidos y capillas desprovistas de muebles; la eucaristía es conservada en la Sacristía o en escondrijos indecorosos, sin lámparas; la predicación de la Palabra de Dios descuidada.

    Se comprende por esto la reacción de Antonio María y su ardor en el proclamar y explicar la Sagrada Escritura, en el instruir grupos de fieles más fervorosos para ser como levadura en la masa; se explica su propósito no solo de abrazar el sacerdocio, pero también el de fundar una congregación para la reforma de las costumbres eclesiásticas; se entiende la idea y la praxis del culto eucarístico solemne por él instaurado en Milán, su amor por el decoro de la casa de Dios.

    Agréguese que, en estos años, despierta peligro el serpear de la herejía protestante, favorecido de la cercanía de la República de Venecia. En el 1526, en Cremona hierven discusiones sobre verdades cristianas y se oyen opiniones radicales a menudo negadoras también de los dogmas fundamentales de la fe. Entre las filas de los religiosos hay apóstatas y no es solamente el prior de los dominicos, que en el 1528, huye a Suiza. En el 1537 y 1539, los Inquisidores descubrirán sacerdotes y frailes que predican "mil herejías": a mitad del siglo, la ciudad es "el máximo centro del luteranismo lombardo".

    Como en otro lugar la recuperación espiritual no viene del vértice, sino de la base, a través de la reforma personal de los miembros, "el camino de los santos". Antonio María nos da el ejemplo y el temple que arrastra. Pero mientras su ministerio parece destinado a cerrarse en el círculo de la ciudad natal, un viraje providencial lo lleva a la metrópoli lombarda: la condesa de Guastalla, Ludovica Torelli, lo escoge como su capellán.

    ¿Fue una sugerencia de su director espiritual, Fray Bautista , admirador y guía del ardiente sacerdote cremonés?. Ciertamente en Milán se abre un camino mucho más vasto de trabajo.

    En Milán

    En el 1530 Antonio María arriba a Milán y viene a contactarse con el ambiente del "Oratorio de la Eterna Sabiduría", uno de los centros de la religiosidad pre-tridentina milanesa, en la cual encuentran profundos ecos las corrientes religiosas, ya afirmadas en Europa con vivaces programas de reforma eclesial, tales como la "Devotio moderna", el humanismo cristiano, el evangelismo y otros núcleos de espiritualidad.

    En este cenáculo de vida ascética, que vio la presencia de hombres ilustres, entre los cuales los futuros pontífices Pío IV y san Pío V, Antonio María encuentra a los dos nobles milaneses Jaime Antonio Morigia (1497-1546) y Bartolomé Ferrari (1499-1544), ligados entre ellos por amistad y comunión de aspiraciones; llega a ser el jefe moral de la confraternidad, que casi, naturalmente, se va transformando en la Congregación de los "Hijos de Pablo".

    Los primeros pasos son guiados por Fray Bautista de Crema, que todos los Barnabitas reconocerán como su "primer padre y fundador". Con el Breve pontificio del 18 de febrero de 1533, Clemente VII concede la facultad de profesar los votos, de vivir en comunidad como Clérigos Regulares. Solamente después de una nueva y más amplia aprobación (Bula de Paulo III del 25 de julio de 1535), Antonio María y sus seguidores asumieron el nombre oficial de "Clérigos Regulares de San Pablo" por la singular devoción profesada al Apóstol de los gentiles.

    Junto al primer "colegio" de sacerdotes y de religiosos, Antonio María de él funda otro, el de las "Hijas de Pablo", aprobado por Paulo III en 1535 y puesto bajo la Regla de San Agustín. Son las "Angélicas de San Pablo Converso", que tuvieron como cofundadora a la condesa de Guastalla: fueron las primeras religiosas autorizadas a salir de la clausura para el apostolado en el ambiente femenino.

    Casi contemporánea y siempre en Milán, sucede la institución del "tercer colegio", llamado de los "Casados de San Pablo" o "Sociedad de los Casados", una especie de tercera orden, en la cual grupos de laicos vienen asociados a la espiritualidad y a las obras apostólicas, a la vida litúrgica y ascética de los Padres y de las religiosas, con el objeto principal de la reforma de la sociedad, la santificación del estado matrimonial, la elevación espiritual de la familia.

    La acción reformadora del santo tiende sobre todo a la conversión moral del clero y del pueblo: él se esfuerza de hacer un llamado a la clase social a su propia misión en el mundo, con el preciso intento de conducir al prójimo "al vivo espíritu y al verdadero Cristo humillado".

    El Apóstol Pablo viene por él asumido como patrono, modelo de vida y de apostolado, maestro de doctrina, guía de las nuevas familias religiosas que intentan militar bajo su bandera, para ser "plantas y columnas de la renovación del fervor cristiano".

    En un tiempo de general relajación, Antonio María está convencido que para fortalecer la fe y mejorar las costumbres, necesita "no solo remover la idolatría y otras faltas graves de las almas, para destruir esta pestífera y mayor enemiga de Cristo Crucificado, la que tan grande reina de los tiempos modernos: Doña, digo, la tibieza".

    El fundador

    Como a menudo sucede, no faltó la reacción contra el grupo de los "reformadores", especialmente de parte del clero: esta se manifestó de manera violenta con amenazas, acusaciones de herejía, persecuciones. De esto nos queda un vigoroso testimonio en una memorable alocución pronunciada por el santo el 4 de octubre de 1534 y tan importante para ser inserta en la Liturgia del 5 de julio caracterizando la vida y doctrina del santo.

    En este discurso la fortaleza de soportar las pruebas y la generosidad en aceptar la cruz por ser fieles discípulos de un Maestro crucificado, son sostenidos por un amor capaz no solo de perdonar pero también de encontrar alegría en las tribulaciones. Palabras que revelan cumplidamente la doctrina cristocéntrica y paulina de Antonio María y que resumen todo su programa de meditación y de acción.

    Dos procesos regulares, celebrados en 1534 y en el 1537, en el tribunal de la Inquisición, del Arzobispado y del senado milanés, se concluyeron con una sentencia de plena absolución.

    Confortado por tal rehabilitación, Antonio María intensificó su ardor apostólico, llevando también a Vicenza "la verdadera reforma" en el 1537. a fin de sensibilizar a la opinión pública en torno a los misterios centrales del cristianismo, promovió y propagó el culto a la Eucaristía y la devoción a Cristo Crucificado.

    Uno de sus méritos, es justamente la actuación de ideas sugestivas y "nuevas" en la Iglesia, que en parte han quedado en vigor hasta nuestros días. Tales son, por ejemplo: el uso de la adoración pública y solemne del Santísimo Sacramento en las 40 horas, cumplida en turnos en varias iglesias; la introducción del repique de las campanas a las 3 de la tarde de cada viernes, en memoria de la muerte de Cristo; la dirección espiritual y las conferencias ascéticas a miembros del clero y del laicado; el hábito de acercarse con frecuencia a la Sagrada comunión; las "misiones" para la reforma de los monasterios femeninos y la predicación del pueblo.

    El padre

    Austero consigo mismo: empleó con sus discípulos la pedagogía de la penitencia más dura: "grandes mortificaciones" en público y en privado, humillaciones despiadadas y clamorosas en aquel ambiente de altísima espiritualidad estaban a la orden del día. Un místico sienes recordará por toda su vida el escalofrío de días "terribles" pasados en la escuela del santo. El cual era también capaz de usa ternura y sentimiento, especialmente en la guía de las angélicas, por las cuales gastó lo mejor de sus energías.

    Poseía la fuerza del conquistador y un gran ascendiente sobre los jóvenes. Bastó alguna vez un encuentro para operar repentinamente una decisiva mutación de su conducta. Para tal propósito, los biógrafos nos cuentan dos episodios.

    Un día de 1537, en Vicenza, Antonio María encuentra por la calle a un joven rico, buenmozo, dedicado a brillante vida mundana. Lo fija con mirada intensa, lo saluda cortésmente, después el traza la señal de la cruz sobre su frente y se va; ¡por aquel simple gesto, Tito degli Alessi se siente interiormente cambiado!. Aún lleno de estupor, busca a aquel sacerdote desconocido, se deja guiar en el espíritu y, enseguida, se hace religioso barnabita y diligente sacerdote.

    Dos años después, en Guastalla, mientras está rezando, el santo sale improvisamente de la iglesia y se dirige hacia un joven que pasea a lo largo de la rivera del Po, en apariencia robusto y pleno de vida, sonriente al venir. Antonio María se le acerca y le dice con franqueza: "Piensa en tu alma, porque siento que Dios te llamará antes que cuando tú lo piensas". Maravilla y temor se asoman en el rostro del joven, que decide al instante de confesarse. Antonio María lo acompaña en la iglesia, lo reconcilia con Dios y lo devuelve a casa tranquilizado. Al día siguiente, la muerte lo arrebata, improvisamente, pero no inpreparado.

    Lamentablemente la debilidad de la salud y el incansable trabajo apostólico, debilitaron el temple del Fundador en sus 36 años. Encontrándose en el condado de Guastalla por razones del ministerio sacerdotal y sintiéndose de fuerzas, "por el cansancio del cuerpo", Antonio María deseó de ser trasladado a Cremona en su casa natal. Aquí expiró en los brazos de su madre el 5 de julio de 1539, rodeado de los discípulos más fieles, recreado, -como quiso la tradición y la iconografía barnabítica- por la visión del Apóstol.

    Él no tuvo el tiempo y la comodidad de trazar un cuerpo orgánico de doctrina y una precisa línea de acción para sus seguidores: solamente 12 cartas, 6 discursos sobre los mandamientos, un esbozo de las Constituciones barnabíticas y algunas sentencias espirituales conservan los lineamentos de su personalidad y contienen su mensaje religioso.

    Los restos, después de algunos siglos de extravío, fueron reencontrados en Milán, en mayo de 1891. Si bien había gozado del título de Beato hasta 1624, su culto no fue reintegrado sino en 1890. Siete años más tarde, el 27 de mayo de 1897 era proclamado santo.

    Se han perdido las facciones auténticas de su rostro. La iconografía tradicional presenta a Antonio María en medio de los dos cofundadores de los Barnabitas: Bartolomé Ferrari y Jaime Antonio Morigia; o también unido a los tres ideales de su vida: El Crucifijo, la Eucaristía y san Pablo; a menudo con el lirio, escudo gentilicio de los Zaccaria y símbolo de su pureza angelical.

    La herencia espiritual está representada por la Congregación de los Barnabitas y de las Angélicas que difunden aún hoy en el mundo su nombre y su obra apostólica.

    Doctrina espiritual

    El encuentro con la figura y la obra de san Pablo condiciona y caracteriza la espiritualidad del joven fundador de los Barnabitas: el Apóstol ha sido para él el maestro en el amor y en el seguimiento de Cristo, guía e inspirador de la renovación de la vida cristiana y eclesiástica. Por consiguiente, el culto de la Eucaristía y la predicación del Crucificado, las varias formas de austeridad y de total abnegación distinguen la actividad del santo.

    Vocación a la santidad

    Con estas premisas, notamos ante todo que Antonio María parte de una visión clara del destino humano, afirmando la existencia de una vocación universal a la santidad de la cual ninguno puede ser dispensado: "El hombre está hecho y puesto en este mundo principalmente y solamente para que vaya a Dios, y todas las otras cosas lo ayuden para esto". Y he aquí el itinerario: siendo Dios inaccesible, las creaturas se vuelven la escalera para ascender hasta Él; el orden y la belleza ayudan a comprender su grandeza. Lamentablemente el pecado del hombre ha oscurecido y ha hecho ilegibles las letras de este maravilloso libro de la naturaleza.

    Entonces la bondad de Dios "hizo otro libro, a saber, el Libro de la Escritura en la cual reparó aquel primero y le puso dentro lo bueno que era en las creaturas"

    Como si esto no bastase, su Amor inmenso "lo llevó a encarnarse para convertir al hombre a Dios, para enseñarle el camino, para darle luz".

    Y en fin le infundió en el corazón "un deseo inextinguible de gustar a Dios..., un continuo descontento a todas las cosas del mundo y un continuo desear las cosas del cielo". En conclusión, "cada cosa está hecha y te es dada para ir a Dios". Pero he aquí que interviene el máximo de los obstáculos: la tibieza: "esta pestífera y mayor enemiga de Cristo crucificado, la que tan grande reina en los tiempos modernos..."

    Como su maestro, Fray Bautista de Crema, Antonio María lucha sin cuartel y en forma encarnizada, en él y en los demás, contra la farisaica hipocresía del "tibio", que llega a ser exactamente lo opuesto del hombre "espiritual"

    Contra la tibieza

    Él enseña una eficaz terapia contra "doña tibieza", poniendo al desnudo y cortando la raíz fundamental: la distinción entre lo que es de precepto y lo que es de consejo. Con lógica cerrada, apelando a la experiencia psicológica, demuestra lo absurdo de tal concepción de la vida ascética con tres razones:

    Los santos lanzaron la distinción entre precepto y consejo, no para favorecer; sino para remover la tibieza: comienza a observar los preceptos, después ascenderás a la perfección de los consejos.
    "No observando los consejos" está el peligro de "no observar también los mandamientos", como quien se confiesa y si comulga una vez al año "lo encontrarás caído en blasfemias y otros pecados mortales"
    El espíritu humano no puede contentarse con la mediocridad, porque se siente propenso al bien sin ningún límite.

    Antonio María parece un estratega que organiza los planos de batalla: cuando escribía estas palabras no tenía 30años, probablemente se estaba imbuyendo de filosofía y teología tomista en la escuela de Fray Marcelo y Fray Bautista, y estaba concluyendo su apostolado en Cremona.

    En la vigilia de la muerte, retomará en pleno el tema inquietante de la tibieza, escribiendo un sufrido discurso a dos discípulos: "deseo que no caigan en la tibieza, pero corran de continuo..." hasta el "culmen de la perfección".

    Para asegurarse la victoria – afirma el santo – se necesita adoptar una estrategia inteligente y, como buen director espiritual, expone con claridad lo que podemos llamar el "método de la gradualidad"

    Método gradual

    Ya en el sermón juvenil sobre el Primer mandamiento él advierte que "la causa de nuestro poco progreso y provecho en la vida espiritual" no depende de Dios, sino de nosotros mismos, porque no procedemos gradualmente. "Es necesario que el hombre que quiere ir a Dios vaya por gradas, y suba del primero al segundo y de aquel al tercer, y así sucesivamente..."

    Y en trazar el cuadro dogmático referente al Segundo mandamiento, Antonio María recuerda entre los obstáculos de la vida espiritual, el hecho de no comenzar "de la primera grada" para poder correr después con orden y expeditamente.

    Con vivacidad de análisis explica ulteriormente esta táctica a un abogado de Cremona en una carta franca y estimulante, dividida en tres partes.

    Como primera cosa él deberá orar en todo tiempo y sin interrupciones: "en la mañana y en la tarde y en todas las otras horas"; "en todos los modos, esto es en la cama o fuera de ella, o arrodillado o sentado", especialmente antes del trabajo, en las dudas y en las dificultades. "Y así dialogue con Cristo familiarmente, como haría usted conmigo, y trate de sus cosas con el Crucificado y se aconseje con él".

    En segundo lugar recomienda "la frecuente elevación de la mente" a Dios que conduzca a "tal perpetuidad de oración, que bebiendo, comiendo, trabajando, hablando, estudiando, escribiendo, etc. usted hará oración, y las acciones exteriores no impedirán la elevación o acciones interiores, ni esta ni la otra".

    Al fin, es necesario esforzarse para conocer los principales defectos, y "máximamente el defecto y vicio que es el capitán general en ustedes y obtiene el principado sobre los otros en ustedes". Simultáneamente deberá golpear y abatir a los otros, como hace el soldado que "teniendo siempre los ojos sobre el más eminente, se va a pesar de todo haciendo camino matando a cada uno que él enfrenta".

    Esta carta parece casi completada por otra dirigida al matrimonio Omodei, perteneciente a la congregación de los casados.

    Después de haberles suplicado que no se dejaran "atrapar por la tibieza", Antonio María, explica: "el que quiere hacerse espiritual...comienza por cortar vía de si, y cuando un día ha dejado en el camino una cosa, al otro deja otra y así va con perseverancia". Evita primero las palabras nocivas, después las inútiles, después los modos coléricos; huye de los honores, abraza las humillaciones, reza más de lo prescrito, etc.

    "Quisiera –agrega- que tengan su ojo en hacer cada día algo de más, y menguar cada día algún apetito y sensualidad, aún cuando les fuese concedido, por crecer en virtud y disminuir las imperfecciones".

    Este método de la gradualidad vale también para las almas consagradas a Dios. Dirigiéndose a las Angélicas con acentos de fervor imagina que sus hijas espirituales provoquen envidia a las discípulas de su "Divino Pablo" por el amor a Cristo, por el desprecio del mundo, el ardor apostólico, la victoria sobre los propios defectos, el avanzar continuo.

    Sobre todo en un capítulo programático de sus Constituciones, titulado: "Cualidades del reformador de las buenas costumbres", Antonio María recuerda, entre otras cosas: "es necesario que siempre tú te propongas de pasar más adelante y en cosas más perfectas".

    Y también "Procura siempre de aumentar lo que has empezado en ti y en los otros, porque la cumbre de la perfección es infinita".

    Orientación apostólica

    Para el fundador de los Barnabitas – y es este un rasgo considerable de su fisonomía espiritual- la búsqueda de la perfección no concierne únicamente al empeño ascético del individuo, sino que está igualmente orientada al apostolado, como a su objetivo.

    En una carta de 1537, ya citada, él se alegraba de que "sus" Angélicas "buscan conducir al prójimo al vivo espíritu verdaderamente despreciado Cristo Crucificado", y les recuérdale ejemplo del uno y otro Padre (San Pablo y Fray Bautista) que "han mostrado tal grandeza y noble amplitud de ánimo hacia el crucificado, y hacia las penas y los oprobios de nosotros mismos, y hacia el provecho y perfección consumada del prójimo..."

    Poco más tarde, Antonio María reprendiendo a dos de los primeros discípulos, saldrá en esta apasionada exhortación: "Nuestro divino Padre" (Fray Bautista) "quería que fuésemos plantas y columnas de la renovación del fervor cristiano".

    Y concluye con una no menos elocuente expresión: "¡Eh! Hijos y plantas de Pablo, ensánchense, que quien los ha plantado y plantan son más amplios que el abismo y no se bajen de la vocación a la cual han sido llamados".

    Muchos otros serían los pasajes por traer a propósito del Apostolado que el joven fundador exigía de él y de los suyos: basta uno que ha llegado a ser justamente célebre en la tradición barnabítica y dirigido a los dos cofundadores: "¡Ánimo!, ¡Hermanos!. Si hasta ahora en nosotros ha habido alguna irresolución, arranquémosla junto con la negligencia: y corramos como locos, no solo hacia Dios, sino también hacia el prójimo, el cual es el medio que recibe aquello que no podemos dar a Dios, no teniendo él necesidad de nuestros bienes".

    Vida religiosa y apostolado

    Para Antonio María Zaccaria, institutor de nuevas órdenes de Clérigos y de Vírgenes, no podía evitar el problema de la relación armónica entre la vida regular y la actividad pastoral, un problema "moderno" y capital para la misma estructura y peculiaridad de las nuevas familias religiosas en la Iglesia: él lo ve en recíproca dependencia. Se puede resumir su pensamiento de la materia en dos sintéticas proposiciones:

    La vida religiosa consiste en el hacernos aptos para ganar a Cristo al prójimo", pero no existe verdadera "ganancia" sin plenitud de interioridad.
    La vida apostólica, a su vez, es garantía y estímulo a la santidad del propio estado, ya que "el medio del amor a Dios es el amor al prójimo".

    El verdadero fin de la reforma – proclama con incisiva claridad en las Constituciones - se conocerá en esto: "si buscamos solamente el puro amor de Cristo, la pura utilidad del prójimo, los puros oprobios y vilipendios de sí mismo, así que sea de agrado el verse despreciados".

    La estrecha conexión entre los dos elementos es un motivo recurrente en los escritos zaccarianos. Las Angélicas, por ejemplo, antes de ser lanzadas a los campos del apostolado en el Veneto, deberán contentar a su Padre haciendo encontrar en ellas: "haber hecho conquista emulándose unas a otras".

    A menudo repite como un estribillo: "Conquisten en ustedes y en las demás"; "de parte mía les dirán que quisiera yo que se asemejaran a mí: que no solo procurase ganar en ella (lo que sería poca cosa), sino que ganar también a las otras"; "no dejen de ganar en los otros".

    Expresiones similares lapidarias dejan bien la idea-fuerza de nuestro Antonio María y nos ofrecen la clave para penetrar en su alma de místico y de reformador.

    La otra fórmula, que ve en el apostolado un incentivo a la perfección, puede ser así ilustrada: en el sermón sobre el cuarto mandamiento, un largo párrafo doctrinal tiende a demostrar precisamente que la caridad de Dios se adquiere con el amor del prójimo. Con varios razonamientos, Antonio María enseña que "una misma cosa la hace adquirir, aumentar y crecer y, además, la muestra cuando está. ¿Sabes tú cuál es?. Es la caridad, el amor al prójimo". Y concluye: "Si no te parecen suficientes estas cosas para hacerte creer que el amor al prójimo causa el amor de Dios, y lo muestres, te lo haga creer al menos esto; Dios se ha hecho hombre por esto, Cristo ha dicho: ‘Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros’; ‘en esto conocerán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros...’ Y tan necesario es este amor , que Pablo deseaba ser anatema para sus hermanos, y por toda la Escritura, carísimo, discurre que Dios pone al prójimo como medio para ir a su Majestad".

    Un texto bastante iluminador se puede ver en una carta que Antonio María extendió a nombre de la angélica Negri. En ella, haciéndose intérprete de la "divina madre", observa que la pérdida del "primer fervor", ha causado la pérdida de la luz y del "conocimiento" de la vida interior en sí y en los otros. Por lo que se ha decidido de perderse completamente. "Y atender a la utilidad del prójimo. Y así espero que, ganando en el bello Crucificado me restituirá la luz y el fuego que me mantenían viva..."

    Hacemos notar la extraordinaria semejanza de espíritu y consonancia de palabras con la doctrina de Fray Bautista, acerca de la relación apostolado-perfección.

    El verdadero contestador

    Un último aspecto del retrato moral del fundador de los Barnabitas puede ser tomado en su acción de reformador de la vida cristiana y de restaurador de la vida religiosa, así como había sido su director y padre.

    En un estimulante trozo: "De los signos de la ruina de las costumbres" se analizan las causas del "relajamiento y la tibieza" de las congregaciones religiosas, se justifica la fundación de nuevas órdenes y la obra de "contestación" de los fervorosos con un dicho de san Gregorio: "Los santos promueven sedición, pero amando".

    Sobre esta base programática, el construye y describe largamente en otro texto de sus constituciones, las "Cualidades del reformador de las buenas costumbres", sintetizadas en ocho virtudes: la discreción, la magnaminidad, la perseverancia, la humildad, la oración , la rectitud, el deseo de lo más perfecto, la confianza en Dios. En una palabra, la obra del verdadero reformador consistirá en esta actitud: "Sin soberbia y presunción (porque esta puede haber) y con audacia exaltar la Cruz poderosamente.

    El plano de la reforma es igualmente claro:

    Despertar de la práctica religiosa, centrada en la "santificación" esto "quiere decir pureza de mente y de purificación"; "quiere decir, dejar al hombre viejo, o sea, las cosas posteriores y los vicios y seguir al hombre nuevo, o sea, el espíritu"; "quiere decir convertirse a Dios intrínsicamente y extrínsecamente"

    Las consecuencias son expresadas con seguridad y concisión: "¿Quieres tú, carísimo, santificarte?. Imita a Cristo, imita a Dios, sé misericordioso...; alimenta al hambriento, da de beber al sediento, viste al desnudo, acoge al peregrino, visita al enfermo, libera al encarcelado; prevee tus obras, hazlas por amor a Dios, ten la intención recta; elige lo mejor; ejecuta el bien, en todo la caridad re mueva".

    El primado de la caridad

    Alma de la práctica religiosa es la caridad.

    En el sermón sobre el Cuarto mandamiento, Antonio María explica su necesidad con rigor tomístico, con abundantes referencias a la Sagrada Escritura, un documento muy lejano también de simples signos semipelagianos y del todo inspirado en el Apóstol Pablo.

    De hecho, empieza con tono perentorio: "La caridad es solamente la que vale; todo el resto de las virtudes, sin aquella, no aventaja una pizca"
    Y continúa demostrando que ni "la elocuencia vale, porque procede la "sabiduría de la palabra", ni "la ciencia, porque infla", ni "la limosna", ni "el martirio".

    Hombre valiente y sin medias medidas, audaz pero experto, él está convencido que el auxilio divino es indispensable para superar "muchas cosas contrarias" a la acción reformadora, pero a la vez está persuadido que el reformador debe rodearse de colaboradores "verdaderamente fervientes y verdaderamente discretos", y, en vía subordinada de "personas ingeniosas y sobre todo de voluntad grandemente amplia".
    El discípulo ideal

    Quizás sus discípulos ideales se deberían ver en los novicios, así como él quiere que sean forjados por el maestro y conducidos "a la omnímoda y total perfección".

    Imposible resumir las directrices que Antonio María traza y describir la exigente formación que se propone dar. Sin quererlo, el Santo ha ofrecido un pequeño tratado de perfección religiosa para almas de excepción. De él surge un retrato de hombre fuerte, austero, casi extremista, o de todos modos preparado sólidamente para afrontar cualquier obstáculo en la vía de la reforma.

    Baste la desnuda enumeración de las "siete cosas" estrechamente necesarias al futuro barnabita, heraldo de la renovación cristiana en el mundo.

    El maestro enseñe "a aprender a romper todos sus deseos, así que se entristezcan si hacen a su gusto".
    "Enseñe el modo de confesarse" bien.
    "A abrir todo el corazón a su maestro"
    "El conocimiento y el ornato del hombre interior"
    El modo de conservar, de aumentar el "fervor novicial".
    "A tener el verdadero amor y deseo de la omnímoda y total perfección"
    "El silencio y las otras ceremonias exteriores".

    La preocupación constante de Antonio María es que sus hijos espirituales se mantengan fieles al programa trazado, al punto de exclamar en el temor de una negligencia de ellos: "¡Pobre de mí!. Si todos mis hijos tienen tan poco cuidado de contentarme, mejor sería que nunca los hubiese parido, más bien que después se volvieran bastardos".

    Semejante cruda expresión está dirigida, por paradoja, a las Angélicas: "...si no tuviésemos un deseo infinito de dichas cosas" (amor al Crucificado, a las humillaciones, a las almas), no seríamos considerados sus hijos e hijas, sino bastardas y mulas".

    En una circunstancia dramática y decisiva para las nacientes congregaciones, Antonio María, después de haber animado a los suyos a la confianza en Dios y a la imitación de Cristo Crucificado, sobre el ejemplo de San Pablo, concluye una ardiente alocución con esta invitación a la fidelidad: "Y porque nosotros hemos elegido por padre y guía a tan grande Apóstol, y nos gloriamos de ser sus seguidores, esforcémonos de observar en nosotros su doctrina y sus ejemplos. No sería conveniente que en las filas de tan grande guía, hay asoldados viles y desertores, ni que sean degenerados hijos de un Padre tan glorioso"

    Conclusiones

    La vida, la obra y la espiritualidad de Antonio María Sacaría han dejado una impronta más en profundidad que en extensión:
    Una vida de solo 36 años y medio literalmente consumada al servicio de Dios y del prójimo, aunque no habiendo nunca traspasado los confines de la Italia Septentrional;
    Una obra que todavía se prolonga en el tiempo y en el espacio, a través del apostolado de los Barnabitas y de las Angélicas.;
    Una espiritualidad exigente, incómoda, sin adornos ni sentimentalismos, esencialmente fundada sobre la "locura de la cruz".
    El ejemplo y la vida del Santo, más aún de su doctrina caracterizan la figura de este precursor del Concilio de Trento: con el fervor en la oración y en la predicación con la pobreza y el desprecio absoluto de las cosas mundanas, con las escondidas y públicas manifestaciones de penitencia, con el ardor inflamado por las almas, el amor y el estudio del Crucificado, el espíritu apostólico de San Pablo; en una palabras: con la fuerza y tensión moral y el impulso misionero, Antonio María prelude y prepara los caminos al nuevo apóstol de Milán; San Carlos Borromeo.


    Oración para el año Jubilar Zaccariano

    Padre Santo,
    que dispones cada cosa para el bien de tus hijos,
    enciende nuestros corazones con el fervor espiritual
    y el ardor apostólico que animaron a san Antonio María
    en la reforma de tu Iglesia.

    Señor Jesús,
    que revelas la plenitud del amor en el misterio de la cruz
    y te has hecho alimento celeste para la santificación de los hombres,
    habita en nuestros corazones, para que a imitación de san Antonio María
    sepamos irradiar por doquier la viveza espiritual.

    Espíritu Paráclito,
    que nos enseñas las vías de la perfección en la escuela
    de san Antonio María, prepara nuestros corazones para que exulten siempre
    en el Dios vivo y lleguemos a ser templos de tu gloria.

    Amén.

    •   Alt 

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  2. #2
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    San Carlo convoca Gesuiti, Barnabiti e Teatini, dipinto di G.B. Crespi, duomo di Milano, XVII secolo

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    S. Paolo, ispiratore della fondazione dei barnabiti

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    GIOVANNI PAOLO II

    MESSAGGIO IN OCCASIONE DEL V CENTENARIO DELLA NASCITA
    DI SANT’ANTONIO MARIA ZACCARIA
    [/CENTER]

    Al Reverendissimo Padre
    GIOVANNI MARIA VILLA
    Superiore Generale dei Chierici Regolari di San Paolo

    1. In occasione del V centenario della nascita di Sant'Antonio Maria Zaccaria, desidero unirmi spiritualmente alla gioia di codesta Congregazione, oltre che delle Suore Angeliche di San Paolo e del Movimento dei Laici di San Paolo, ed elevare al Signore fervidi ringraziamenti per aver donato in lui alla Chiesa un instancabile imitatore dell'Apostolo delle genti ed un luminoso modello di carità pastorale. Formulo l'auspicio più sentito che le solenni ricorrenze giubilari costituiscano un'occasione preziosa per porre in evidenza il dono della santità risplendente nella Chiesa di ogni tempo, e che nel secolo XVI trovò in Sant'Antonio Maria Zaccaria un singolare testimone. Auguro, inoltre, a Lei, ai suoi collaboratori ed all'intera Famiglia spirituale di Sant'Antonio Maria Zaccaria di seguirne fedelmente le orme. Egli alla "scienza dell'amore di Gesù Cristo" conquistò innumerevoli anime, suscitando una varietà di carismi di vita consacrata. Additava costantemente la meta della santità non soltanto ai suoi religiosi incamminati sulla via della "riforma" o "rinnovazione" spirituale, ma a tutti i fedeli, ai quali ricordava di essere chiamati a diventare "non piccoli... ma grandi santi" (Lett. XI).
    Le celebrazioni del V° centenario della nascita del Fondatore rappresentano una preziosa opportunità per approfondire l'attualità del suo messaggio. Sono certo che la riflessione sul suo amore ardente per Gesù, "esaltato sulla croce e nascosto sotto i veli eucaristici", e sul suo instancabile zelo per le anime costituirà per i suoi figli spirituali un invito a dedicarsi con rinnovato ardore all'educazione umana e cristiana delle giovani generazioni, che rappresentano il futuro della Chiesa e della società.
    2. Nel perseguire quest'obiettivo, Sant'Antonio Maria Zaccaria si ispirò all'Apostolo delle genti e, per tale motivo, amava definirsi "Prete di Paolo Apostolo". Il medesimo modello indicò alle Famiglie religiose ed al Movimento laicale da lui fondati. Soleva raccomandare ai suoi seguaci: "Statevene adunque sicuri e certi, che edificherete, sopra il fondamento di Paolo, non fieno né legno, ma oro e margarite, e saranno aperti, sopra di voi e dei vostri, i cieli e i loro tesori" (Lett. VI).
    Alla scuola di San Paolo, egli apprese la legge fondamentale della vita spirituale intesa come un "crescere di momento in momento" (Lett. X), fino a raggiungere la statura dell'uomo perfetto in Cristo, spogliandosi incessantemente dell'uomo vecchio, per rivestirsi dell'uomo nuovo nella giustizia e santità (cfr Ef 4, 22-24).
    Nel corso della sua vita dovette affrontare ostacoli e persecuzioni, ma mostrò sempre indomito coraggio e fiducia nel Signore. Questi stessi sentimenti devono oggi alimentare quanti fanno parte della sua Famiglia spirituale. Occorre infatti affrontare con l'audacia che nasce dall'amore la difficile situazione in cui si trovano non poche vostre benemerite e secolari istituzioni educative, per continuare a porre la ricchezza della vostra tradizione pedagogica al servizio dei giovani, delle loro famiglie e dell'intera società.
    Allo stesso modo, è necessario curare con singolare zelo la formazione cristiana delle nuove generazioni attraverso l'annuncio della Parola di Dio, la puntuale e devota celebrazione dei Sacramenti, specialmente di quello della Riconciliazione, la direzione spirituale, i ritiri e gli esercizi spirituali. Tutto ciò che ha costituito fin dagli inizi un aspetto specifico del carisma barnabita esige dai Chierici Regolari di San Paolo un ardimentoso e costante slancio apostolico. Il Popolo di Dio ha più che mai bisogno di guide autorevoli e di alimento spirituale abbondante, per accogliere e vivere la "misura alta della vita cristiana ordinaria", attraverso un'opportuna "pedagogia della santità" (cfr Novo millennio ineunte, 31).
    3. Le parole e l'esempio del Fondatore continuano a spingere i suoi figli verso una rinnovata fedeltà allo slancio missionario, che si nutre di fervente preghiera e si basa su una solida preparazione teologica e culturale. Solo così, infatti, è possibile recare ovunque un incisivo annuncio e una credibile testimonianza del Vangelo (cfr Novo millennio ineunte, 42-57) e contribuire alla vasta azione della nuova evangelizzazione, che interessa l'intera Comunità ecclesiale. Possa codesta benemerita Congregazione, attingendo al fecondo patrimonio spirituale del Fondatore, percorrere con decisione la via di Dio (cfr Serm. VI), per portare "vivezza spirituale" (Lett. V) nel popolo cristiano.
    Non temete, Fratelli e Sorelle carissimi, di ingaggiare una lotta aperta alla mediocrità, al compromesso e ad ogni forma di tiepidezza, che il santo Fondatore definiva come "pestifera e maggior nemica di Cristo crocifisso, la quale si grande regna ai tempi moderni" (Lett. V). Sia cura di ciascuno far fruttificare i doni ricevuti e perseverare nella preghiera e nelle opere dell'amore, mantenendo viva in ogni circostanza la fiducia nella Provvidenza Divina.
    4. Sant'Antonio Maria Zaccaria si preoccupava non soltanto di ricordare costantemente ai laici l'universale chiamata alla santità, ma cercava di coinvolgerli nell'evangelizzazione. Imitando il suo esempio anche voi, cari Barnabiti, unitamente alle Suore Angeliche ed a Laici di San Paolo, non esitate ad incoraggiare quanti si sentono chiamati a testimoniare il carisma del Fondatore nei diversi ambiti della vita sociale. Promuovete altresì un'attenta e aggiornata pastorale vocazionale per accompagnare e sostenere coloro che il Signore chiama alla vita consacrata.
    La triplice Famiglia spirituale fondata da Sant'Antonio Maria Zaccaria, che sul suo esempio ripercorre le orme di San Paolo, crescerà in tal modo nella comunione di intenti e di cuori, e sarà in grado di riproporre con sempre nuovo ardore il cammino della santità agli uomini e alle donne del nostro tempo. Il Signore, per intercessione della Beata Vergine, di cui Sant'Antonio Maria Zaccaria fu tenero e fedele devoto, susciti in ciascun membro di codesto Istituto l'entusiasmo e il coraggio del bene al servizio di Dio e dei fratelli bisognosi.
    Con tali voti imparto di cuore a Lei, Reverendissimo Padre, ai Confratelli Barnabiti, alle Suore Angeliche ed ai Membri del Movimento laicale di San Paolo una speciale Benedizione Apostolica, propiziatrice di grazie e di rinnovato fervore spirituale ed apostolico.

    Dal Vaticano, 5 Luglio 2002

    IOANNES PAULUS II

  7. #7
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    S. ANTONIO MARIA ZACCARIA

    Nato nel 1502 e morto nel 1539 a Cremona. E' il fondatore, assieme ad altri due sacerdoti, della "Congregazione dei Clerici Regolari di san Paolo", meglio noti come "Barnabiti" per il nome popolare che gli venne dato da quando avevano avviato la confraternita nella chiesa di san Barnaba. Resta orfano di padre quando ha solo due anni. Lo spirito di Antonio viene anche formato, per così dire, dalle numerose vicende tragiche che colpiscono Cremona nel XVI° secolo: una serie di passaggi di dominazioni, con relativi saccheggi e devastazioni; lo straripamento del Po; le febbri malariche; il tifo petecchiale; la carestia; la peste e, infine, il terremoto. Dopo aver lasciato tutta la sua eredità alla madre (giovane vedova che si era occupata a tempo pieno della sua educazione), parte per studiare Medicina a Padova, ma quando torna laureato nella sua città, viene colpito dalla miseria morale della popolazione, e decide di trasformarsi da medico del corpo a medico delle anime. Comincia a vivere secondo uno stile ispirato alla vita evangelica, assiste malati e prigionieri, e dà inizio ad un apostolato verso i laici nella piccola chiesa di san Vitale, vicina alla sua casa. Raduna persone di tutti i tipi a cui legge la Sacra Scrittura o fa catechesi. Lui stesso, spinto da un frate che lo guida spiritualmente, si avvia verso gli studi teologici e dei padri della Chiesa. Nel 1528 viene ordinato sacerdote (in forma tutt'altro che solenne) e da allora si firmerà sempre con la sigla "Antonio Maria prete". Dato che prosegue il suo apostolato per i laici, rinuncia di fatto alla carriera ecclesiastica, ma guadagna comunque una fama tale da essere invitato ad espandere il suo intervento. Trasferitosi a Milano, conosce Ferrari e Morigia, con i quali condivide l' idea di fondare una nuova congregazione di clerici regolari per rigenerare e rianimare l'amore al culto divino (in quei tempi i problemi sulla cura del culto e la moralità sono assai gravi). Vuole trasformare l'oratorio (nel quale aveva avviato il suo apostolato ai laici) in una originale comunità formata da tre famiglie: preti, suore (Angeliche di san Paolo) e persone laiche. Dieci anni più tardi si trasferiranno nella chiesa di san Barnaba. Singolare nella storia dei Barnabiti, è l'approvazione papale della congregazione ancora prima che fosse effettivamente avviata. Le famiglie dei Barnabiti diventano famose a Milano per le loro iniziative (alcune saranno addirittura caratteristiche di Milano, come il suonare le campane alle 15 del venerdì per ricordare la passione di Cristo, o la "Quaranta ore" di esposizione itinerante del ss.Sacramento). Predicano per le strade con il crocifisso in mano, fanno catechesi ed invitano la gente a conversione: durante la peste e le carestie assistono la popolazione. Il loro zelo, comunque, gli fa guadagnare anche l'ostilità da parte di qualcuno, ed infatti verranno accusati di eresia e sottoposti a processo. Antonio muore di "febbre" nel 1539 nella sua Cremona. Ha 37 anni. Dopo 27 anni dalla morte, come per altri santi, il suo corpo viene trovato incorrotto. Dichiarato santo nel 1897, in forma solenne a san Pietro, da papa Leone XIII. Di lui ci sono rimasti alcuni scritti molto belli.

    [Testo del Gruppo Santi di Via Pienza]

  8. #8
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  9. #9
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    San Antonio María Zaccaria


    Fundador de los Asistentes Regulares de San Paul, comúnmente conocidos como los Barnabitas. Nació en Cremona, Italia, en 1502 (probablemente en la primera mitad de diciembre de ese año) y murió el 5 de julio de 1539. Cuando aún era un infante, su padre murió, dejando a los niños al cuidado de la madre, quien les enseñó la compasión por los pobres y haciendo que ellos fueron personas que atendían a los menesterosos.

    Luego de completar sus estudios en las escuelas de Cremona, fue enviado a Padua para estudiar filosofía, y en 1520, cuando había finalizado este curso, principió el estudio de medicina en la universidad de ese lugar. A la edad de veintidós años recibió el grado de Doctor en Medicina y regresó a Cremona para practicar su profesión.Tres años más tarde, empezó a estudiar teología y recibió sus ordenes sagradas en 1528. Ahora se dedicó con renovadas energías, a trabajar por la caridad y la misericordia, visitanto y consolando a los enfermos en hospitales y prisiones.

    El ministerio de la prédica y de la administración de los sacramentos produjo tal grado de aceptación y éxito, que San Antonio que San Antonio fue motivado para buscar más amplios horizontes para su trabajo, y para llevar a cabo su gran proyecto que había establecido para bienestar de las almas. Fue entonces a la populosa ciudad de Milán, de la cual era burgués, y entró en la Confraternidad de la Sabiduría Eterna. De entre los miembros de esta comunidad de religiosos, se alió a dos padres, Ferrari y Morigia, y les compartió su idea de fundar una congregación para clérigos seculares.

    El norte de Italia, en este período estaba en una condición deplorable. Frecuentes guerras habían devastado el país. El advenimiento de los soldados de Lutero y el contagio con mal ejemplo de lo que los católicos habían realizado, estaba presente, al igual que el hambre y las plagas que seguían a estos soldados.

    Estas circunstancias combinadas, produjeron un estado de miseria, lo que impactó a Antonio y sus asociados. "La Congregación de los Asistentes Regulares de San Paul", principió a operar con cinco miembros y fue canónicamente sancionada por el Papa Clemente VII en 1533. Su norma consistía en "regenerar y revivir el amor hacia la adoración divina, y la verdadera forma cristiana de vida, mediante la prédica frecuente y la fiel administración de los sacramentos".

    El primer superior de la nueva congregación fue San Antonio quien rápidamente llegó a ser reconocido en Milán como un Apóstol. Además de dar conferencias en iglesias a los eclesiásticos y a gente láica, fue a las calles de la ciudad con crucifijo en mano, y llegó a convertir a muchas almas por medio de predicar la Pasión y Muerte de Cristo y la necesidad de arrepentimiento y penitencia por los pecados. En 1536 renunció a ser superior ante el Padre Morigia y luego fue a Vicenza por requerimiento del Cardenal Ridolfi.

    Allí tuvo éxito en reformar la moral y en hacer que dos comunidades de mujeres llegaran a tener una estricta observancia de la norma. En esta última labor fue ayudado de manera significativa por la congregación de monjas: "Angeles de San Paul", que él había fundado en Milán. En Vicenza, introdujo también la devoción de las "Oraciones de las cuarenta y ocho horas".

    Los últimos dos años de su vida estuvo en Milán. Buscó allí una iglesia más apropiada para su Congregación y aceptó la oferta de la Iglesia de San Barnabás, pero murió antes de que los arreglos se hubiesen completado. Desde esta iglesia, la Congregación recibió el nombre por el cual sus miembros son conocidos en la actualidad, i.e. Barnabitas. Debido a la práctica voluntaria de penitencias y por su arduo trabajo de caridad, fue atacado de fiebre durante una de sus misiones.

    Sabiendo que esta enfermedad iba a ser la última, regresó a su ciudad natal, Cremona. Allí en la casa de su madre, recibió los últimos sacramentos y expiró en paz a la temprana edad de treinta y siete años. Su cuerpo fue encontrado incorruptible 27 años después. Fue declarado Bendito por el Papa Pío IX en 1849 (véase BARNABITES). El 15 de mayo de 1897, fue solemnemente canonizado en San Pedro, en Roma, por León XIII.

    Sus escritos son "Detti notabili, raccolti da varii autori" (Venice, 1583); "Constitutiones ordinis clericorum regularium" (no publicado); "Sermones super praeceptis Decalogi" (no publicado).

    DUBOIS, Le bienh. Ant. Maria Zaccaria, fondateur des Barnabites et des Angeliques de St. Paul (Tournay, 1896); St. A.M. Zaccaria, fondateur des Barnabites (Paris and Leipzig, 1897); Brevi vite dei Santi (Rome, 1897); Vita illustrata di S. Antonio M. Zaccaria fondatore dei Barnabite e delle Angeliche di S. Paolo (Cremona, 1897); JEPPA, Lebensbeschreibung des Hl. Anton Maria Zaccaria, Stifters der Barnabaiten Germ. tr (Fulda, 1900); HEIMBUCHER, Die Orden und Congregationem der katolischen Kirche (Paderborn, 1897).

    PATRICK H. KELLY

    Transcripción de Frère Gilles Beaudet (Hermanos Cristianos)
    Traducción al castellano de Giovanni E. Reyes

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