Uomini e mezzi della polizia spagnola non hanno impedito, sabato 27 e nella notte a cavallo di domenica 28 gennaio 2007, che centinaia di ragazzi madrileni, nella zona di Alcorcon, facessero sentire, ancora una volta, la loro rabbia contro gli immigrati (colpevoli di spadroneggiare nella zona), ma anche (e, stavolta, soprattutto) contro i mezzi d'informazione (rei di cronache ideologicamente negative) e contro le stesse forze dell'ordine.
Sassaiole contro poliziotti, automobili e bus sono state il ritornello della nottata, iniziata anche con una (meno fortunata: qualche decina i partecipanti!) manifestazione voluta dall'Assemblea per la convivenza pacifica e contro il razzismo (sic).
Da rilevare la numerosa presenza di minorenni tra i partecipanti alle proteste, probabile segno di una non-ideologizzazione dei partecipanti, rispetto a quanto i mezzi d'informazione spagnoli hanno denunciato nei giorni successivi alla prima giornata di scontri. Interessante, su questo aspetto, proprio il tono degli articoli della stampa spagnola: in un primo momento senza connotazioni politiche, i giornalisti hanno inventato di sana pianta, nei giorni successivi, una coloritura politica in realtà assente dalla rivolta. Non basta un semplice concordare tra obiettivi dei rivoltosi e quelli di alcuni movimenti politici a fare delle proteste un fatto ideologizzato: di ideologico ci sono solo le associazioni multietniciste e i giornalisti che tendono a disconoscere il diritto (morale) alla protesta dei giovani di Alcorcon.
Hasta la victoria siempre!
* Dall'articolo "Otra noche de batalla campal en Alcorcón" (Enrique Villalba, La Razon, 28 gennaio 2007):
Noche de persecuciones, porrazos y sirenas
en Alcorcón. Los disturbios del pasado fin de
semana volvieron a reproducirse ayer en las calles
y plazas del municipio. La Policía tuvo que
utilizar varias cargas contra un centenar de
jóvenes, en su mayoría menores de edad
encapuchados, que apedrearon, insultaron y
provocaron a los agentes y a los medios de
comunicación y que destrozaron todo aquello que
encontraron a su paso. Coches volcados,
contenedores cortando la circulación, marquesinas
de autobuses destrozadas y aceras levantadas para
utilizar los adoquines como arma arrojadiza. Ni un
sólo vecino, ni un sólo latinoamericano; grupos de
jóvenes de distintas ideologías sembraron el
pánico durante horas. El amplio dispositivo
policial evitó que los disturbios pasasen a
mayores pero no fue incapaz de frenar una noche
repleta de incidentes.
Unos 300 policías habían tomado desde primera
hora de la tarde los puntos más calientes de la
localidad formando cordones para impedir la
entrada a las canchas deportivas del Centro Joven,
donde a las seis de la tarde estaban previstas dos
concentraciones convocadas por grupos
antifascistas y de ultraderecha, prohibidas por la
Delegación del Gobierno.
A la hora de comer, Alcorcón parecía un pueblo
fantasma. Las calles estaban vacías, el fuerte
dispositivo policial había cerrado la ciudad a
cualquier disturbio. En las salidas y andenes de
la estación de Cercanías diez agentes aguardaban
la previsible llegada de jóvenes con ganas de
gresca. En la estación Puerta del Sur de metro un
furgón de Antidisturbios de la Policía Nacional
intentaba persuadir posibles algaradas. En la
Plaza del Centro Joven, donde estaba prevista la
manifestación, los agentes impedían la entrada a
todos los viandantes y cacheaban a todo aquel que
cruzaba la zona. A las seis de la tarde en los
alrededores de las canchas comenzaron a
congregarse decenas de jóvenes de la localidad en
protesta por los altercados del pasado fin de
semana, pero con ganas de montarla. Tras increpar
a policías y vecinos los ánimos se calentaron.Unos
pedían justicia y que los inmigrantes que hubiesen
creado disturbios fuesen expulsados del país,
otros más respeto hacia la comunidad
latinoamericana. El ambiente se fue caldeando y
comenzaron los disturbios y las carreras.
Los jóvenes concentrados en el lugar de la
reyerta del pasado fin de semana comenzaron a
desplazarse hacia el Parque de la Paz. Todo
sucedió muy deprisa. Cuatro antidisturbios
intentaron quitar una pancarta plegada a dos
jóvenes y comenzaron las cargas. Porrazos, piedras
y ladrillos por los aires y como balance un joven
herido con la nariz rota. Los jóvenes que huían de
la carga policial comenzaron a romper aceras y
parte del mobiliario urbano para aprovisionarse de
cascotes que lanzar a la Policía. A partir de ahí
se inició una persecución por toda la ciudad entre
los antidisturbios y cientos de jóvenes que
convirtieron a los profesionales de los medios de
comunicación en el objetivo de su ira. Comenzaron
a cruzar cubos de basura intentando hacer
barricadas e impidir el paso de «las lecheras»;
cuando se veían acorralados entraban a la fuerza
en los portales. Los actos vandálicos continuaron
durante toda la noche a pesar de que la Policía
consiguió dispersar al grupo de violentos.
Empañada por estos altercados resultó la
concentración junto al Centro Joven de medio
centenar de vecinos de la Asamblea por la
Convivencia Pacífica y Contra el Racismo, que se
manifestaron pacíficamente. Ayer no hubo graves
heridos ni detenidos, pero el miedo volvió a las
calles de Alcorcón.




Rispondi Citando