El secreto de la guerra perdida
Presentamos a continuación un extracto del capítulo sexto del documento "La Voz del Silencio" escrito por el camarada combatiente Vincenzo Vinciguerra durante su estancia en la cárcel de Parma, y fechado en noviembre de 1990.
Vincenzo VINCIGUERRA
Han transcurrido cincuenta años desde que Italia entrara en guerra al lado de la Alemania nacionalsocialista, contra las democracias anglosajonas, y todavía no sabemos cuales fueron las motivaciones reales que indujeron a Victor Manuel III y a Benito Mussolini a dar un paso tan lleno de funestas consecuencias para el destino del País y para el suyo personal.
Desde los inicios, sobre la "guerra de la sangre contra el oro" planeó la sombra de la traición que parece explicar los misterios de batallas perdidas, de buques puntualmente hundidos, de ofensivas frustradas y de retiradas vergonzosas.
Existen sólidos indicios para sospechar la traición de altos oficiales de las Fuerzas Armadas italianas: de la batalla de la Marmarica a la caída del Imperio, desde la sistemática interceptación de nuestros convoyes marítimos por parte británica a la rendición de la isla de Pantelaria, desde el abandono injustificado de la Plaza Fuerte de Augusta hasta el armisticio del 8 de setiembre de 1943, la connivencia con el enemigo por parte de "traidores" camuflados en todas partes parecen justificar, aplacando las conciencias, las motivaciones de una derrota que podríamos haber evitado.(1)
Pero existe también la sospecha, tapada con mucha cautela (2), de que en realidad tanto el rey como el Duce se dejaron atraer por un refinadísimo juego por parte británica.
Es decir, que Italia entró en guerra al lado de Alemania con el acuerdo previo de Inglaterra que sobre la mesa de una paz, tenida como inminente tras la caída de Francia, habría podido contar de este modo con la "moderación" y la "racionalidad" de la Italia fascista como contrapunto a la dureza y rapacidad germánicas.
Una Italia "aliada" habría sido escuchada y atendida desde la Cancillería de Berlín; una Italia neutral habría debido esperar resignada e impotente el ajuste de cuentas con una Alemania que no había olvidado el cambio de chaqueta italiano de 1914.
Una Italia, la de 1940, que entraba en guerra al lado de un aliado al que veía como el próximo enemigo y contra el cual, incluso durante el transcurso de la guerra, había seguido protegiéndose continuando, y es solo un ejemplo entre muchos, la construcción de fortificaciones en el Alto Adigio, interrumpidas solamente en 1941 tras una enérgica protesta alemana.
Sea cual fuere la verdad, resulta indudable el hecho de que la entrada en la guerra de Italia provocó una extensión del conflicto por tierra y por mar que dio ventaja a Inglaterra y obligó a los alemanes a dispersar peligrosamente sus fuerzas.
La Historia permite la formulación de hipótesis pero se escribe solo con certidumbres, y, de cierto, en la reconstrucción de las relaciones entre Italia y Gran Bretaña en aquel período existe tan solo una ligazón entre los protagonistas de aquellos hechos: Mussolini y Churchill.
Los dos hombres de gobierno no interrumpieron sus relaciones ni siquiera durante el curso de la guerra y en torno a la correspondencia "Mussolini-Churchill" han florecido voces, leyendas, tumbas y fortunas (3) sin que, empero, se sepa al día de hoy gran cosa en realidad de lo que los dos hombres se hayan dicho o hayan acordado.
Otra certidumbre es que los gobiernos italianos de la posguerra han hecho lo posible y lo imposible para que fuera recuperada íntegramente la correspondencia y para que nada se conociera de su contenido.
(citazione parziale ma alquanto significativa del fatto che la nostra condotta militare è stata tremendamente torbida)




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